“Canaria con certificado de Canariedad”


Por Beatriz Gómez

 

Ayer curiosamente hablaba con un amigo madrileño, y según él, mi acento le hace mucha gracia.

No es la primera vez que me lo dicen, por eso, pensando en cómo podía aclarar algunas cosas sin que mis amigos peninsulares se “meen por las patas pa´bajo” con mi singular acento cuando abro la boca, he decidido escribir este artículo.

Soy una de esas canarias que tiene certificado de canariedad, de esas que aman la patria, defienden sus costumbres y veneran su dialecto.

El simple hecho de nacer ya vuelve a una persona especial, pero nacer aquí, en unas Islas afortunadas es otra cosa. Algo que sólo llegará a entender un verdadero canario.

No infravaloro a ninguna región, y mucho menos les falto el respeto; para mí todos los lugares y sus respectivas culturas son enriquecedores, pero la nuestra, aparte de cercana y amigable, es bonita.

Y ahora todos se preguntarán,- ¿pero acaso hay alguien que no esté orgulloso de su tierra?-

-¡pues sí! los hay-

Esto no ocurre en Canarias. Nosotros, los isleños, defendemos nuestra cultura con uñas y dientes porque sabemos valorar la riqueza que tenemos aquí, y lo trasmitimos con orgullo, para que el turismo no se canse de visitar ninguna de nuestras Islas, donde el ambiente es atractivo y especial.

Nuestro acento ha sido motivo de burla para algunos, llegando a ser considerado vulgar, de campo o de personas que no han recibido una educación, cuando en realidad es un dialecto peculiar, como el de cualquier otra región.

Quizás un poco más difícil de comprender porque nuestro diccionario es muy amplio  e informal, pero la ignorancia es de los que no aceptan lo diferente.

Por suerte, todos no piensan así.  Ya lo anunciaba un estudio en el año 2012 donde el acento canario era vencedor, siendo el preferido por los españoles.

Hemos sido burlados pero también hemos sido imitados, pero tal parece que nuestra forma de hablar es tan difícil de entender como de pronunciar, porque hasta los actores expertos son incapaces de imitarnos.

Los que lo intentan, no consiguen un “seseo” logrado ni la pronunciación cerrada de la “ch”.

Y es que no sólo el habla nos caracteriza y hace que seamos reconocidos fuera de nuestra frontera en décimas de segundos; también, nuestra pachorra, es otra de las señas que identifican a un canario.

Es por eso que estamos “aplatanados”, porque nos gusta ir por la vida con tranquilidad.

Nuestra aspiración no es la de envejecer jóvenes y para eso hay que saborear cada uno de los placeres que tenemos aquí, de tal manera que preferimos invertir el tiempo en serenidad que el dinero en rellenos de botox, por el corre corre particular que experimentan en las grandes ciudades.

Cada vez son más los turistas que estiman nuestra forma relajada de vivir, y las horas de sol que tenemos durante todo el año han sido las responsables de que muchos se instalen e integren como otro isleño más.

Pero para eso, hay que venir aquí y disfrutar de nuestro paisaje y de nuestro carácter afable.

Nuestra cultura es digna de conocer, y a muchos les sorprendería descubrir que los guanches ya desaparecieron y que no sólo nos embostamos de papas arrugadas con mojo, que todos los días nos vamos de belingo y que nosotros también pensamos que todos los que se burlan de nuestro dialecto son unos arretrancos.

Unas costumbres tan exquisitas sólo se saborean en un archipiélago como el nuestro, así que naturalmente, la mejor manera de amar a un canario, es amando primero a su tierra.

¡Sean todos bienvenidos a nuestra patria!

Beatriz Gómez Magdalena

Escritora

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