De himnos y pitadas


Por Ramón Betancor.

Y de repente, los pitos del árbitro no fueron los más importantes de una final de fútbol, porque de repente, se habló más de lo que pasó antes del partido que del resultado del encuentro y fue más trascendente lo que aconteció en las gradas, que lo que sucedió en el terreno de juego.

Así somos aquí, buscando la distracción en cada esquina. La distracción simple. La fácilmente criticable. La que no entiende ni quiere entender de historia ni desafecciones, porque lo sencillo es mirar el DNI del que protesta y crucificar su actitud, simplemente, por el lugar donde vive.

Yo, en cambio, creo que el problema (por llamarlo de alguna forma), no es quién pite ni dónde lo haga, sino que se abuchee lo que muchos consideran un símbolo, mientras otros lo ven casi como una provocación (el símbolo, me refiero). Ese divorcio del pueblo, cada vez más evidente, no entiende ya de Comunidades Autónomas ni de clases sociales, sino de un sentimiento de animadversión hacia un país que, para muchos, es sinónimo de traición.

Dicen que estamos en el año 2015, pero la verdad es que no lo parece. Opino que cuando seamos conscientes de la época en la que vivimos y actuemos en consecuencia, cambiarán muchas cosas. Al menos, deberían cambiar muchas cosas.

¿En serio que hay alguien que aún piensa que un himno oficializado por un dictador en plena guerra civil pueda representar a alguien con dos dedos de frente? Yo creo que no. Además, después de los conflictos legales y de corrupción que han salpicado estos últimos años tanto a políticos como a la Casa Real española, algunos quizá se deberían empezar a plantear que ese distanciamiento de la sociedad hacia las sus representantes, es más una necesidad que una elección personal.

Y sí, ya sé que la pitada al himno español durante la final de la Copa del Rey de fútbol por parte de vascos y catalanes, posiblemente obedezca a otros motivos, pero creo que, en el fondo, todos sabemos que hay cosas que, por mucho que se empeñen, sólo huelen a rancio, apestan a otros años y no brillan ni en su propia oscuridad.

Aunque traten de inculcarnos otra cosa, según el calendario, llevamos quince años de Siglo XXI. Agarrándome a esta fecha y valorando la historia como lo que es o como yo la entiendo, no puedo condenar el rechazo a determinadas simbologías. De hecho, creo que el problema no está en quien objeta de esos símbolos caducos, sino en quien se empeña en obligar a abrazar lo que no se quiere. Y eso es algo aplicable a cualquier ámbito de la vida.

Ramón Betancor

Ramón Betancor

Periodista y escritor.

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There is one comment

  1. Rafa

    Ramón, podemos estar de acuerdo o no en los ya famosos (tres) momentos de la pitada a los símbolos de este país (omito decir España). Pero hemos de tener en cuenta varios aspectos. No voy a entrar en si el himno es caduco o no, la Marsellesa tiene unos años y el himno de EEUU también, por poner unos ejemplos. El himno de este país no lo compuso el Dictador ni ningún colaborador suyo y tampoco se inició en el decerebrado enfrentamiento entre hermanos que sucedió en España. El himno es mucho; pero mucho más anterior que todo eso. Como buen periodista que eres y gran escritor sabes que los datos tenemos que contrastarlos antes de publicarlos. Yo pienso (insisto, opinión personal) que un comunicador debe ser imparcial en sus artículos a no ser que sean de “opinión” como es el tuyo en este caso.
    Creo que tenemos medios y formas para poder cambiar la bandera, el himno y la representación Real en España, mediante las urnas; hay partidos que presentan en sus programas la opción de un país republicano, cuando esos partidos ganen las elecciones generales querrá decir que la mayoría del país está de acuerdo con ellos; entonces es el momento de cambiar y abandonar lo “caduco” de este país; mientras las elecciones las ganen partidos que desean mantener la Casa Real y otros temas, entra en juego la ley de la Democracia; es decir, aceptar lo que la mayoría vota.
    Mientras esto no se cambie, el burlarse o quemar los distintivos de un país pasa desde la mala educación a otros adjetivos. En España no se va a juzgar nunca a quien pite el himno o queme la bandera (corrijo, se hizo en una ocasión aunque en la apelación se quitó la multa), entre otras cosas porque el poder legislativo que es al que le corresponde y no al ejecutivo (no confundamos términos) no lo tiene legislado.
    Entiendo y comprendo a los catalanes y vascos (hablo de ellos por ser lo más reciente) y a cualquier persona que esté de acuerdo con pitar el himno, aunque no lo comparta; entiendo que se diga que es un elemento o una insignia y que tampoco es para tanto, lo entiendo. Entonces lanzo una pregunta: ¿Los mismos que piensan así y pitan al himno español, cómo reaccionarían si pitaran Els Segador o el baile bajo el Guernika (no recuerdo el nombre, perdón) y como reaccionarían ante la quema de la Ikurriña o la Señera?
    Creo que no debemos de mezclar cosas. Hay un odio generalizado hacia todo lo español; o mejor dicho, hacia todo lo “centralista” y no sé como ayudar a que finalice y todos convivamos en armonía. Y que no me vengan a decir que eso se soluciona con eliminar la Monarquía y con largar de España a todos los peperos porque entonces se está dando alas a una frase que recuerdo muy a menudo: “la historia es una sucesión de sucesos sucedidos sucesivamente”. En España ha gobernado también el PSOE (no hablo de UCD) vale, el mismo perro con distinto collar; pero eso no se pensaba en el ’82 cuando todos salimos a la calle a celebrar que habíamos acabado con los franquistas y de eso hace tanto tiempo como el Dictador “reinó” (mejor dicho, llevamos más tiempo sin Franco que con él. Acabemos con esto entre todos, ¡joder! a ver si el ADN sólo se mueve en los hijos de los fachas para que sigan siendo asesinos y no en los hijos de los no fachas.
    Y para terminar, antes de que me digan de todo menos bonito, sería bueno releer la historia contemporánea de España, desde 1898 por ejemplo. No la que reescribió Franco, releer la de importantes y reputados historiadores extranjeros, contrastar sus artículos y dejar de rasgarnos las vestiduras y aceptar la realidad, aunque nos duela o no queramos aceptarla.
    Ramón, luchemos entre todos para que podamos convivir en paz, para que todos los habitantes de este país, o de España, como queramos llamarlo, podamos tener una vida digna y no confundamos y hagamos de palmeros a los que de un lado y otro les interesa esta confrontación para sus propios intereses. Bajemos del carro a aquellos que nos utilizan y demos oportunidades a otros de demostrar que se puede llevar a cabo; sabemos que es difícil, que su poder es enorme; pero no seamos como ellos.
    Un abrazo.

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