La inmadurez después de los treinta


Por Beatriz Gómez 

 

Vivimos inmersos en una sociedad actual que enaltece ciertas cualidades infantiles en los hombres de nuestro mundo pasados los treinta. Confundimos esta imagen con la de un potencial inmaduro, es decir, si tu pareja se comporta como un niño antojadizo reiteradamente, a pesar de ser un treintañero, no es precisamente porque esté de moda, sino porque detrás de sus encantos infantiles se esconde un adulto egoísta.

Los inmaduros se reconocen fácilmente, y en la mayoría de los casos, en la intimidad.

Ellos, no hablan de sentimientos, sólo de necesidades. Están abducidos por la juventud y en el peor de los casos, obsesionados con ella.

Su miedo a la soledad y sus inseguridades los hace estar centrados en pedir y recibir sin dar nada a cambio, algo usual en el egoísmo.

Muchas mujeres hemos experimentado la sensación de estar junto a un eslabón perdido, después de haber pensado primero que nuestro chico estaba sometido a su niño interior, cuando en realidad es un adulto que de forma deliberada actúa sin tener en cuenta lo que puedan sentir los demás, ni si quiera nosotras mismas, aunque por el contrario, ellos, si piensan que su pareja deben saber todo lo que piensan en cada momento.

El miedo de ser apresados y el deseo de ser eternos Don Juanes los vuelve huidizos. Por este motivo difícilmente conseguiremos un compromiso afectivo por su parte. Algo que a menudo nos hará sentirnos solas y que ellos nunca entenderán.

Los inmaduros buscan ejercer poder pero, generalmente, desde abajo, es decir, haciendo dudar de  sí misma a la persona que no satisface sus necesidades o socavando su autoestima.  Por tanto, su estrategia consiste en culpabilizar a todo ser que respire a su lado cuando no pueden conseguir lo que quieren, y para que se haga cargo de sus errores.

Por ello, si estás enamorada o tienes una relación pasajera con alguien así, no cometas el error de expresar tu furia cuando detectes que hace horas que no te tiene en cuenta para nada.

Los psicólogos aseguran que esto no soluciona el problema y hace que el inmaduro se encapriche aún más, castigándote de nuevo con su conducta de aislamiento.

En lugar de enfadarte, ignórale y organiza tu vida alrededor de actividades que te beneficien. Tu ausencia será un mensaje que él no podrá pasar por alto mucho tiempo, pero  por cierto: tampoco esperes que vaya a cambiar… porque, aunque parezca lo contrario, él ya ha crecido.

Beatriz Gómez Magdalena

Escritora

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There are 2 comments

  1. sasnicalo

    Seran los varones palmeros,porque sinceramente no sé en que se basa la autora para afirmar lo que afirma.En la viña del señor hay de todo y creo que en el Caso que nos ocupa las mujeres tampoco se quedan atras.

  2. Ey

    Buen artículo
    Esta parte me gustó: “no cometas el error de expresar tu furia cuando detectes que hace horas que no te tiene en cuenta para nada”

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