La Casa Salazar acoge la presentación del libro ‘Epitafios’ de Antidio Cabal


  • Jueves 12 de marzo de 2015. A las 20:00 horas en la Casa Salazar de Santa Cruz de La Palma.

La presentación correrá a cargo de Antonio Jiménez Paz, Elsa López y Ricardo Hernández Bravo.

Antidio Cabal (Gran Canaria, 1925 / Costa Rica, 2012). Profesor de Filosofía en la Universidad Central de Venezuela y en Costa Rica de la Universidad Nacional. Editor y prologuista de los primeros libros de Ernesto Cardenal, así como de “Poemas reunidos”, la inicial poesía completa de éste; también “Cementerio privado”, del poeta gallego Celso Emilio Ferreiro. Fue miembro fundador de las dos más importantes editoriales institucionales de Costa Rica: ECR y EUNA. En Ediciones Oro y Barro -pequeña editorial fundada por su cuenta- se dedicó a la difusión de otros autores. Los 11 primeros libros del proyecto inacabado de la publicación de su obra completa en España están editados por Ediciones Idea. Antidio Cabal había zarpado en 1949 rumbo a Venezuela, huyendo de convertirse en un soldado más al servicio de Franco. Tras su periplo venezolano se asentó en Costa Rica hasta el fin de sus días.

EL EPITAFIO COMO UN RECADO 

Sabía que algún día iba a suceder, que Antidio Cabal (España, 1925 – Costa Rica, 2012), cuya obra poética es tan desconocida como aplaudida por quienes la conocen, tendría otra oportunidad. Kriller71, una pequeña editorial que se retroalimenta de un catálogo de autores que dialogan secretamente entre sí, lo ha hecho posible. Con la publicación de Epitafios -poemario inédito escrito originalmente en 2004 y que el autor dejó convenientemente prologado- su obra más personal toma un nuevo impulso para viajar esta vez más allá de las orillas costarricense y canaria, donde hasta ahora ha sido editada, desenraizándose para alcanzar una difusión merecida por su intrínseca valía. El poeta que huyó en 1949 de su país de nacimiento continúa en paradero desconocido, avanzando, en expansión continua.

(reseña publicada en la revista Buensalvaje)

El epitafio, como escritura distintiva, tiene un origen muy antiguo. Procede de la costumbre de recordar, en escritura breve y datos básicos, la vida del ser humano que yace enterrado. Caracterizado por la brevedad, al transformarse en género literario muta en imaginación e ingenio lo que se ceñía a dolor por la pérdida. Requiere elaboración y artificio, por lo que no cualquiera está dotado para ello.

Lejos nos quedan los epigramas de Calímaco, en su sencillez, persiguiendo fundamentalmente la piedad del lector. También podría llevarnos a conclusiones equivocadas si, llevados por la apariencia del propio libro, de su título, considerásemos el famoso Antología de Spoon River, de Edgar Lee Masters, como un patrón de parentesco con este otro. Entre lo clásico y lo contemporáneo se sitúa Antidio Cabal para acabar elaborando algo propio, donde la clave de lectura de sus intencionalidades líricas queda al descubierto por él mismo cuando apunta en su prólogo:

“Tomar en cuenta que el carnicero es un cadáver vivo y el sepulturero es un cadáver vivo. Pasado un tiempo, uno y otro  serán cadáveres muertos. Cierto que en las carnicerías no ponen rosas y en el cementerio sí. Esto hay que corregirlo”.

Esta nota señala un nuevo rumbo, un uso de los epitafios hasta ahora desconocido para reunir los anhelos y aspiraciones tanto de vivos como de muertos.

Pero ¿quiénes serán todos esos personajes con nombres atrabiliarios que desfilan página tras página: Eladio Macarra, Jacinta Codesa, Rebudio Higo, Roselindo Pero, Espíritu Santo Soto, Elvira Sentás, etc.?

Uno se queda balanceándose en el desconcierto. Curiosamente cada uno de ellos va acompañado de un alias, en el que recae la importancia del personaje al que hace referencia su epitafio, no extrañando ya que sea precisamente en el alias donde se esconde la verdadera identidad del difunto: alias el Inacabado, el Total, la Desnuda, la Sombra, el Sumergido, el Semicompleto, etc.  Sabemos que toda la obra de Antidio gira en torno a la problemática de la identidad, del conocimiento y sus trampas, entendiendo estas como nuevos modos de indagación.

Entre el nombre del difunto y su alias el poeta propone un salto de discurso, de significación, un cambio de registro: se pasa de la suposición a la veracidad… ¿Y si cada epitafio viniera a ser no más que un recado?

La resolución del problema queda en manos del lector: se trataría de saber de parte de quién. El cementerio sería entonces una excusa, el epitafio la más efectiva trampa. Y el libro un artefacto poemático que se erige y revela entre la tradición literaria epitáfica y el pensamiento que pone todo en entredicho, una tumba con mucha sabiduría dentro.

Antonio Jiménez

Ver entrevista a Antonio Jiménez Paz sobre Antidio Cabal.

Organiza: Cabildo Insular de La Palma.

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