SAN NICOLÁS, UN OBISPO CONVERTIDO EN PAPA NOEL


17 de Diciembre de 2011.

San Nicolás, un obispo convertido en Papa Noel. Un Anuncio de Coca-Cola.

Por Jose G. Rodríguez Escudero

San Nicolás, Obispo de Myra, no llegó nunca a ser Papa, como se ha llegado a pensar. Lo fueron otros cinco grandes personajes que sí llevaron su nombre. Éste procede etimológicamente del griego, cuyo significado es “vencedor del pueblo”. Es conocido como San Nicolás de Bari, ya que es en esta ciudad italiana de la costa adriática donde fueron llevadas sus reliquias en 1087. Se cuenta que de su cuerpo sigue manando “una suave mirra”, o sudor con la que se curaba milagrosamente a los enfermos. En Italia es denominado el “Manna di S. Nicola”.

Muy pocas cosas se conocen con certeza acerca de esta mítica figura. Nació en una provincia del Asia Menor, llamada Parara de Licia. Peregrinó  siendo joven a diversos lugares de Egipto e incluso Palestina. En la capital de Licia,  Myra, llegó a convertirse en su obispo, cuando regresó de tales agotadores viajes. Su vida corrió peligro en tiempos de la persecución del martirizador de cristianos, el emperador Diocleciano. Fue encarcelado pero gracias a otro soberano, Constantino, pudo ser liberado. También se decía que participó en el Concilio de Nicea en el año 325, aunque no aparece en los listados de los obispos asistentes. Fue un luchador incansable contra la herejía arriana que ponía en duda la divinidad de Cristo.

Fue muy conocida su actuación en la liberación de tres inocentes, justo en el preciso instante en el que el verdugo iba a ejecutarlos. Reprendió públicamente al gobernador Eustaquio, quien llegó a arrepentirse por su injusticia. En esa ocasión estuvieron presentes tres guardias que, creyéndose al borde de la muerte, rezaron a San Nicolás. Esa misma noche se apareció el santo en sueños al emperador Constantino y éste ordenó la liberación de los oficiales antes de su ejecución, siguiendo las instrucciones del obispo. Supo que aquellos miembros de su guardia habían invocado al santo. El magnánimo monarca envió entonces a los tres soldados ante San Nicolás con una misiva en la que pedía que rezase por la paz en el mundo.

A partir de esos momentos, uno de sus más famosos milagros, su culto se extendió  por todo el occidente. Según la tradición, en la ciudad turca de Myra, donde ejerció su labor episcopal, tuvo una gran predilección por los niños pobres; de ahí que se convirtiera en su protector. Tanta fama alcanzó que incluso el emperador Justiniano mandó construir una basílica en Constantinopla (hoy Estambul) y su popularidad se extendió por todo el orbe cristiano. No sólo es patrón de Alicante, sino que lo es de Rusia, por ejemplo. En este enorme país, los zares levantaron más iglesias bajo su advocación que a ningún otro santo. Se erigió patrón también de muchas ciudades alemanas, austríacas, belgas, holandesas, italianas… así como de marineros, de mercantes, de viajeros… Curiosamente es Bélgica uno de los  lugares en los que la noche del 5 al 6 de diciembre, la “Noche de San Nicolás”, éste inaugura y anuncia el periodo navideño repartiendo regalos a niños y grandes. Sin embargo, la tradición ancestral en la que decía que el santo obispo llegaba a caballo desde Turquía, en la actualidad se dice que es España el lugar de su procedencia y entre los regalos también porta mandarinas… 

Otro de sus grandes y populares milagros fue el conocido como el de las “tres doncellas”. Se trataba de las tres hijas vírgenes de un pobre de Myra. Era tal la miseria en la que se hallaban  que,  para salir de la miserable situación, trató de prostituirlas. Se cuenta que fue San Nicolás el que, para evitarlo, lanzó varias monedas de oro por la chimenea de su casa. En otra ocasión lanzó la bolsa con el dinero desde la calle. Así hasta tres veces hasta que las tres muchachas pudieron tener una vida digna. El feliz vecino pudo saber quién era su salvador: una noche en la que estaba acechando, oyó caer algunas monedas en la ropa tendida, momento en el que sorprendió al bienhechor. Este episodio se recuerda en las representaciones de  “San Nicolás” con tres bolas de oro, simbolizando las tres dotes de las hermanas a las que salvó permitiéndoles casarse honradamente.

Más terrible fue el suceso de los tres  niños asesinados y descuartizados por un carnicero y sumergidos en una tina de abobar llena de sal. Fueron resucitados por el Obispo. Así, en el fabuloso retablo de “San Nicolás de Bari”, de la iglesia de San Francisco de la capital palmera, a los pies del santo (una escultura barroca de 1724 confeccionada en madera policromada de 104 cms. de alto procedente de Sevilla), aparecen las tres pequeñas tallas de los niños (de 23, 5 cms.) saliendo del barril. Estas figurillas aparecieron al final del Gótico, aunque es en el Renacimiento cuando ya surgen de dentro del cubo. También en el nicho central superior de este precioso altar, al otro lado de la peana de nuestro Santo, aparece la figura de un “copero” (16,5 cms). Se recuerda así la historia de un joven cautivo de un rey pagano que el santo devolvió sano y salvo a su familia.

Se cuenta también que durante una terrible sequía y hambruna, el obispo bendijo a los barcos que acudían a auxiliar a una zona muy castigada y, gracias a su intersección, pudieron salvarse de un terrible temporal. También pidió a unos mercaderes que dejasen todos los alimentos de su embarcación para poderla entregar a los hambrientos. Cuando llegaron a su destino, encontraron todas las viandas en su lugar original. 

Todas estas antiguas leyendas, donde el fanatismo se mezcla con el fervor popular y los regalos secretos, la chimenea, su amor por los niños, los calcetines tendidos… las históricas fantásticas y maravillosas que se iban tejiendo a lo largo de los siglos, transmitidas de generación en generación…  Todo ello dio lugar en Alemania, Holanda y Suiza a la leyenda de que San Nicolás traía regalos secretamente en su onomástica, el 6 de diciembre.  Es el día en el que murió, en el año 345. Desde estos países europeos esta costumbre se importó a Estados Unidos a través de los protestantes holandeses que desembarcaron en el siglo XVII en Nueva Ámsterdam, hoy Nueva York. Se cuenta también que estos emigrantes convirtieron a nuestro santo en un duendecillo nórdico, un elfo que era vestido como los que ellos representaban, ataviado con ropas azules o verdes y con capucha. El día elegido también era el 6 de diciembre, para poder diferenciarlo del 6 de enero, la Epifanía católica, en el que los niños recibían sus regalos de manos de los invisibles Tres Reyes Magos. El nombre comenzó a abreviarse. Primero “San Nik”, o “Sint Klaes”, llegando a nuestros días “Santa Claus”, o simplemente “Santa”. Es curioso que en zonas de Iberoamérica, evitando americanismos, se pasó a llamar el “Viejito Pascuero”. 

El mito del santo de Bari se vio entremezclado con el de Joulutarina o Joulupukki, que nació en Laponia, al norte de Finlandia. Según este mito, un niño llamado también Nikolas se ve sacudido por la tragedia al perder a su familia el día de Navidad, dejándole huérfano al cuidado del pueblo. Precisamente, y como recuerdo de su familia perdida, el joven Nikolas talla juguetes de madera que reparte entre las familias con las que él se cría, pues debido a las carencias del pueblo donde vive solo puede pasar un año con cada una de ellas. Ya adulto dedicó su vida a repartir juguetes a los niños de los pueblos cercanos al suyo, hasta que finalmente murió a avanzada edad. En recuerdo a su labor humanitaria, los patriarcas de estas aldeas se encargaron de perpetuar esta costumbre, que fue extendiéndose con el paso de los años.

La vida y obra del Nikolás finlandés fue retratada en la película de 2007 La Leyenda de Santa Claus.

La imagen actual del también llamado “Papá Navidad” o “Papá Noel” (“Noël” en francés significa “Navidad”) -cuyo origen era una leyenda muy antigua y compleja que, insisto, procede directamente de nuestro San Nicolás de Bari-, sobre un trineo con renos y las cajas con los regalos, es una invención meramente norteamericana del siglo XX.  Fernando Castro de Isidro, autor del estudio titulado “Fiesta de la Navidad. Una historia diferente”, nos informa también de que “hasta que el escritor inglés Clement Moore lo imaginó en un trineo llevado por ocho renos, Papá Noel repartía sus regalos a pie o montado en un caballo”. Este hombre regordete y bonachón, de grandes barbas blancas fue una creación del caricaturista norteamericano Thomas Nast, quien en el siglo XIX lo representó así en una ilustración.

Por último, en 1931, la firma americana “Coca Cola” encargó al diseñador Haddon Sundblom que dibujara un “Papá Noel” o “Santa” y lo adecuara a su campaña navideña. Éste artista fue quien cambió el tradicional color verde y azul por el rojo actual, color corporativo de la empresa.

El resultado de la feroz campaña publicitaria fue tal, que el símbolo de aquélla, una excelente marca de refrescos, ha llegado a quedar impresa en la retina y en el recuerdo de tantas generaciones de consumidores como si del emblema de la Navidad misma se tratase. 

De lo que muy poca gente se acuerda ya, lamentablemente, es que el origen de este popular muñeco regordete y bonachón de amplia barba blanca, vestido de blanco y rojo, fue, precisamente este Santo Obispo de la Iglesia Cristiana Oriental, llegado a Occidente de mano de unos marineros italianos de Bari, “después que su fama se extendiera por toda Rusia y el mundo eslavo ortodoxo, para que luego los americanos le dieran de nuevo fama universal”.

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There is one comment

  1. José Guillermo Rodríguez Escudero

    Las dos fotografías que ilustran este artículo pertenecen a las dos imágenes de San Nicolás de Bari que se veneran en la ermita de su nombre en Las Manchas, El Paso (La Palma). La primera de ellas, más moderna, es la que desfila procesionalmente durante sus fiestas anuales. La segunda, la talla primitiva, se custodia en una de las hornacinas del retablo del testero del recinto.

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