SAN VALEN: Historia de la hipocresía emocional


Por Beatriz Gómez

A principios del siglo XX comienza  a proyectarse un consumismo desmedido que supera cifras masivas, prolongando las ventas de artículos de cualquier tipo, donde los símbolos que representan el sentimiento universal, tales como corazones, Cupidos y flores, ejercen su función para agradar a miles de parejas de enamorados.

Hay quien no tiene este afán de consumismo pero cae en la tentación este día tan simbólico para el 80% de las parejas.

Las cifras de ventas se disparan, donde una sociedad realiza compras absurdas para demostrar un sentimiento en un día como cualquier otro del año.

El 14 de febrero, día de los enamorados en España o del amor y la amistad en otros países del mundo, se ha convertido en una transacción económica para una buena porción de comerciantes.

Lo cierto es que el sector comercial se beneficia  con esta engañosa celebración que cautiva a una sociedad que en la actualidad carece de ingresos suficientes para subsistir, pero en cambio, no le importa hacer gastos excesivos en esta fecha señalada.

No estoy en contra de este día especial para las personas que aman, pero para procesar amor y demostrarlo no es necesario obsequiar con un regalo material un día señalado.

Pienso que los detalles en una pareja deben ser diarios, y no necesariamente tangibles, sino afectivos: un gesto, una palabra, un beso, un abrazo… estos son los alicientes que necesita una pareja día a día.

Un regalo físico se puede  obsequiar  en cualquier  momento, siempre y cuando apetezca hacerlo y no sea tomado como una obligación. También cuando se puede, porque lamentablemente no corren buenos tiempos para el gasto económico.

Esta fecha engañosa tiene su origen en la época del imperio romano cuando un sacerdote llamado Valentín se atrevió a desafiar al emperador Claudio II para casar a escondidas a las parejas de enamorados, algo que estaba completamente prohibido en ese entonces.

El día que el emperador ordena su ejecución es un 14 de Febrero, una fecha que se convierte en tradición mundial al comienzo del siglo XX.

San Valentín, ya coronado como Santo, se ha convertido en un día especial para todos los que creen en el Amor, y son muy pocos los que no lo hacen.

Lo que está claro es que es un día como los demás, puede ser especial para unos y desastroso para otros, en tal caso creo que hay que mirar todos los días del año por igual, porque todos pueden ser ídem de especiales o igual de desafortunados.

Lo material no nos hace más felices, lo afectivo nos alimenta cada día, por eso hay que demostrarlo los otros 364 días del año. No existe manera más representativa de demostrar los sentimientos, y si eres de los- as que lo hacen todo el año, disfruta de tu San Valentín.

 

Beatriz Gómez Magdalena

Escritora

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There is one comment

  1. Toni

    Hola Beatríz,
    Enhorabuena por tu artículo, no puedo estar más de acuerdo con tus afirmaciones.
    Tan solo permíteme añadir un dato más a esa “engañosa fiesta” tal como tú la has calificado. Como bien dices las raíces de esta fecha, se remontan a la antigua Roma, pero su origen es incluso anterior a la del sacerdote llamado Valentín.
    Años antes, muchos tributaban culto a una divinidad llamada Fauno, a quien también se representaba mitad hombre, mitad macho cabrío. En su honor se celebraban las Lupercales, fiestas orgiásticas llevadas a cabo todos los años el 15 de febrero. Durante la celebración, grupos de hombres semidesnudos corrían alrededor de una colina blandiendo látigos de piel de cabra. Las mujeres que deseaban tener hijos se quedaban de pie cerca de la ruta de los corredores para que las flagelaran, pues creían que así se tornarían fecundas.
    De acuerdo con The Catholic Encyclopedia, el papa Gelasio I abolió las Lupercales a finales del siglo V y, de la misma manera que con otras celebraciones, las Lupercales cambiaron de nombre a uno más “cristianizado”. De ahí la teoría del citado sacerdote.
    De todas formas, una denominación “piadosa” no puede ocultar el repugnante origen de esta celebración. El día de San Valentín está arraigado en ritos degradantes, sobre todo para la mujer, y por eso, entre otras cosas, yo no lo celebro.
    Las expresiones de amor verdadero que se hacen todo el año son mucho más gratificantes que los caprichos pasajeros de una fiesta sentimental.

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