SAN MIGUEL Y EL DIABLO EN LA PALMA


26 de Septiembre de 2011.

SAN MIGUEL Y EL DIABLO EN LA PALMA.

Por José Guillermo Rodríguez Escudero.

“… y rociaba así las esquinas de la sala mientras recita la lista de los nombres infernales a los que es preciso tener a raya en estas primeras fases e iniciación, y así clamaba a Abaddón el exterminador, a Achpuch el diablo maya, a Ahrimán el maldeano, a Bafomet del Temple, a Beelzebub de las Moscas, a Damballa de la serpiente, a Hécate de los abismos, a Guayor el diablo guanche, a Mefistófeles el Fausto, a Metzli la azteca, a Moluch el fenicio, a Sekhmet la egipcia vengativa, a Shiva el hindú, a Tchort el ruso, a Thamuz el sumerio, a Thot el mago y, por último a Yen-lo Wang de China. Y nombraba luego a los cuatro príncipes: a Satán, señor del sur y del fuego, a Lucifer, del naciente y el aire, a Belial del norte y, por último, a Leviatán que gobierna el poniente y es una sierpe surgida de las profundidades marinas, dioses todos de la mano izquierda que deben guardar reposo hasta ser llamados…” Luis León Barreto, Las espiritistas de Telde. –

DENOMINACIÓN

Se designa con el nombre de diablos a los espíritus malignos que representan en el mundo las fuerzas del mal. Se les llama también demonios -de la palabra griega daimon-, que en la mitología clásica se aplica a unos seres intermedios entre los dioses y los hombres. La fe cristiana enseña que Dios creó a todos los ángeles puros y buenos, y que los sometió a una prueba. Mientras unos salieron vencedores de la misma, otros resistieron a Dios, quien los condenó a los suplicios del infierno: estos son los diablos o demonios. Obedecen a un jefe, el Diablo, que es designado con los nombres que hemos visto: Satán (el enemigo o el malvado), Lucifer (el brillante), Belcebú, etc. Aunque perdieron la gracia divina, los diablos conservaron parte de los dones que hacen que la naturaleza angélica sea superior a la del hombre. Pueden ejercer, así mismo, su poder en el mundo de diversas formas: poseen poder sobre la naturaleza material, llegando a realizar prodigios; tientan a las personas y se esfuerzan por conducirlos al mal; pueden producir profundas perturbaciones en las facultades humanas, por la obsesión y la posesión… En cuanto al protestantismo ortodoxo, mantiene la doctrina de la personalidad de Satán. Lutero tenía una concepción muy realista del poder físico del diablo. El protestantismo liberal relegó a Satán a mero símbolo.

EL ARCÁNGEL SAN MIGUEL Y EL DIABLO

“… Miguel y sus ángeles peleaban contra el dragón, y el dragón, con sus ángeles, lidiaba contra él: pero estos fueron los más débiles, y después no quedó ya para ellos lugar ninguno en el cielo. Así fue abatido aquel dragón descomunal, aquella antigua serpiente, que se llama diablo, y Satanás, que anda engañando al orbe universo: y que fue lanzado a la tierra, y sus ángeles fueron con él precipitados.”

Apocalipsis 12,7-10.

Existe un gran apartado, en cuanto a la iconografía arcangélica, donde el Patrón insular, San Miguel, se nos muestra en combate con el dragón apocalíptico, claro ejemplo de “Psicomaquia”, o lucha del alma. Ésta fue muy representada por el arte medieval. Se adoptó este nombre después de un poema de Prudencio, donde sus personificaciones de vicios y virtudes, así como los debates que imagina entre estos personajes abstractos, influyeron en la literatura alegórica medieval. En la Biblioteca de la Burguesía de Berna (Suiza), en la miniatura de un manuscrito carolingio del s. IX, se aprecia dos episodios de la Sicomaquia, donde la Fe acaba de vencer al Paganismo, al que pisotea y cuatro mártires reciben la corona triunfal. En otra, la Castidad se defiende de la Lujuria que la ataca con sus llamas.

Este conflicto bélico protagonizado entre ángeles y demonios ha hecho, en palabras de Pérez Morera, que, “desde el mundo bizantino, los ángeles adopten indumentarias y poses militares, inspiradas en el mundo romano”. En Perú, por ejemplo, tuvo gran aceptación y desarrollo la iconografía angelical de los “arcabuceros”, constituidos en verdaderas compañías militares. Mesa y Gisbert informaba de que, estas figuras, sin alas, podrían pasar perfectamente por un ejército de milicianos cualquiera. Estas series aparecidas en el altiplano andino (entre Cuzco y La Paz) representan al capitán armado, abanderados, escuderos, músicos y tropa con arcabuces.

En cuanto a la tipología miguelina en La Palma, y siguiendo con la clasificación de sus tipos de imágenes, fruto del profundo estudio de Martín Sánchez, encontramos también cómo en la clásica escena aparece batiendo al Dragón a sus pies, o cualquier otra configuración que adquiera el Maligno, “serpiente, diablo zoomórfico o antropomórfico, etc.”

En el capítulo XII del Apocalipsis aparece el Príncipe de las Huestes Celestiales aplastando al dragón y clavándole su lanza. En La Palma, este modelo tiene un significado muy especial, ya que, desde la época de la conquista, la figura del Arcángel- representante de todos los ángeles fieles y defensor de la Iglesia-, se erigía como símbolo victorioso dentro de las luchas contra los aborígenes palmeros, representados por Satán – jefe de los ángeles rebeldes y encarnación de la idolatría.

Así se nos presenta en el escudo que data de la primera mitad del siglo XVI. Su ubicación primitiva era sobre la puerta de la Torre de San Miguel del Puerto. En 1553 ya estaba construido. Se trata de una obra en piedra caliza de medio relieve de 100 x 75 cms, sin atribución. El Dragón Infernal aparece contorsionado a sus pies, atravesado por la larga lanza que termina en cruz abanderada. También del medievo, nos llega la variante de la figura negativa, “un diablo más o menos deforme”. No sólo combate al oponente de Dios con una espada, a veces flamígera, o lanza, sino que lo sujeta con una cadena. En el tipo que Martín Sánchez califica como “mixto”, aparece San Miguel batiendo al Demonio y al mismo tiempo, llevando la balanza: Psicostasis (“peso del espíritu o soplo vital”).

“… y vi una bestia que subía del mar, la cual tenía siete cabezas y diez cuernos, y sobre los cuernos diez diademas, y sobre las cabezas nombres de blasfemia. Esta bestia que vi, era semejante a un leopardo, y sus pies como los de oso, y su boca, como de león…”

Apocalipsis 13, 1

SAN MIGUEL Y EL DIABLO EN LA ISLA DE LA PALMA

- En la magnífica escultura del Arcángel de 113 cms. –conservado en la hornacina principal del retablo mayor de la iglesia homónima de Tazacorte, procedente de taller brabanzón del primer tercio del siglo XVI-, observamos cómo a sus pies se retuerce el diablo negro, en configuración zoomórfica. Sus “vellosas extremidades terminadas en garras” se clavan en el escudo, como si quisiera arrebatárselo, mientras que la otra tiene asida la parte posterior de la pierna del santo y que se funde con el manto de aquél. Martín Sánchez dice que “por su textura, el Demonio nos parece estar completamente lleno de pelos”. Recuerda Réau que “estos pelos son la imagen del pecado que se levanta en la conciencia”. La bestialidad del Maligno queda así reflejada: dos cuernos, nariz aplastada y una gran boca abierta con dos largos colmillos y una carnosa lengua roja sobresaliente, “semejantes a los de los perros y que parece indicar la expresión de un grito desgarrador”. Es la talla del Patrón “San Miguel”, “Vencedor del Demonio”, restaurado hace unos años por las profesionales del Taller de Restauración del Cabildo Insular y que desfila procesionalmente cada 29 de septiembre, día de su onomástica. San Miguel es representado en esta ocasión de forma impetuosa y gallarda. Con su mano derecha empuña una espada en lo alto, mientras que con la izquierda sostiene el escudo con la marca de su poder divino: “Q.S.D.”. Posee doble faldar que es sujetado a la coraza mediante correas de cuero, como el arnés blanco del siglo XV. Está coronado con un casco adornado con un penacho de tres plumas y tiene una capa que se sujeta al pecho mediante un joyel.

 

- Otra efigie espectacular –talla policromada de 130 cms. y del primer cuarto del siglo XVI- es la que se venera en el Real Santuario de Nuestra Señora de Las Nieves. De complexión delgada y de músculos poco marcados, el estilizado cuerpo se tuerce delicadamente sobre el enemigo al que aplasta y amenaza con un largo y afilado alfanje. Su rostro es aniñado, como hermoso adolescente y de rasgos algo femeninos. Otras características destacables son: delicado modelado de los pies desnudos, cintura estrecha en relación con los hombros, amplia frente y cabellos rubios y rizados, Lucifer es representado como una horrible bestia antropomórfica alada que mira al suelo, derrotada. Tiene unas grandes orejas puntiagudas hacia abajo, ojos redondos inflamados, gran cabeza en proporción a su cuerpo, boca desencajada con amplios bigotes, nariz aplastada y hendida. Una bestia que tiene sus extremidades como las de un macho cabrío y unas alas membranosas de quiróptero, aludiendo así que Satán es el “Príncipe de las tinieblas”. Sobre su pecho descansa el pie izquierdo del Arcángel, único punto de apoyo del elegante ser alado que sugiere estar flotando. Su antigua ubicación era el retablo de la Vera Cruz del convento franciscano de la capital palmera. Es una escena alejada del carácter violento que encierra el concepto de la lucha apocalíptica. Está concebida como una escena casi graciosa. Para Réau, la influencia del teatro de los Misterios, al final de la Edad Media, contribuyó a orientar la iconografía diabólica hacia la caricatura: “del drama se ha caído en la farsa. El diablo ya no da miedo: hace reír. Es el coco para los niños: una especie de guiñol o Polichinela…”. Fue restaurado –algunos dicen que con poca fortuna- en 1965 por el desaparecido escultor orotavense Ezequiel de León y Domínguez y en 1975 el mismo artista le colocó las alas, diseñadas y ejecutadas por él mismo.

- En la nueva Parroquia de San José de Breña Baja, sobre una ménsula de hierro (primitivamente en el retablo mayor de la antigua iglesia), se custodia otra talla flamenca policromada de 110 cms del último tercio del siglo XVI. San Miguel se representa como “Vencedor del Mal”, portando la balanza y sobre una infernal criatura. Las extremidades superiores se asemejan a las humanas por sus largos dedos, tal vez de uñas largas, en cambio, las inferiores terminan en garras. Dos cuernos puntiagudos salen de su cabeza, que tiene barba, bigote, nariz aguileña, gran boca abierta, ojos desencajados… “como si estuviera emitiendo un rugido desgarrador”. El presbítero don Miguel de Brito y Silva, que fue Visitador General de La Palma, hacedor de rentas decimales de dicha isla y administrador de las rentas episcopales, dotó la fiesta de San Miguel para que se llevara a cabo en cada año, todos los 29 de septiembre, con misa cantada, procesión y sermón, de manera que se conservara perpetuamente en su familia; sus padres la habían celebrado con anterioridad y de ellos heredó la devoción. La policromía original estaba escondida bajo otra, realizada en el siglo XVIII (de gusto hispánico) y presentaba numerosos craquelados en el rostro, con pérdida de oro y aparición del bol de fondo, sobre todo en la zona de la armadura.

Otro de idéntico tipo es el óleo sobre tabla (166 x 76 cms.) colgada en la pared lateral izquierda de la nave central de la iglesia de Santo Domingo. Es la imagen titular del Ex Convento de San Miguel de Las Victorias y, como tal, su ubicación primitiva era en el retablo mayor, hoy desmembrado. Es magnífica obra del flamenco Pourbus el Viejo (Gouda, 1523- Brujas, 1584), considerado el mejor pintor de su tiempo en los Países Bajos y el exponente más interesante de esta iconografía en el Archipiélago. Aquí aparece un atributo de pervivencia medieval: la balanza. En uno de los platillos aparece una figura desnuda arrodillada –el alma del difunto- , y en la otra, unas disciplinas. Otra horrenda criatura boca arriba trata de apoderarse de uno de los platillos de la balanza mientras es pisoteada por el Arcángel. Éste –sin casco protector- es representado como un joven esbelto de cabellos rubios que esgrime una espada en alto en actitud de agredir a la “bestia”. En el desnudo humano de Satanás, dibujado en escorzo violento, se resaltan los músculos de los brazos y de las piernas. Los pies son deformes en relación al resto del cuerpo, “presentando una exagerada longitud de los dedos”. Sus orejas son puntiagudas, la boca abierta, músculos faciales tensos y marcados como si estuviera gritando. En contraposición, el Arcángel presenta un movimiento lento y majestuoso y de su rostro emana una gran tranquilidad y belleza. Esta tabla estuvo presente en la exposición de “Europalia”, celebrada en Bélgica en 1985, dedicada al esplendor artístico en España y Flandes entre 1500-1700. Recibió grandes elogios por su espectacularidad.

- Actualmente se venera en la sacristía gótica de El Salvador, sobre una repisa de madera, la imagen de San Miguel, “Vencedor del Diablo”, antiguamente entronizada sobre el remate del sagrario del antiguo y fabuloso altar mayor. Es una talla policromada de 130 cms de altura, de 1644, atribuida a Antonio de Orbarán, autor también del mencionado y desaparecido retablo mayor “famoso en toda Canarias”. Se le representa como un guerrero clásico cuya naturaleza aérea tan sólo se aprecia por las alas abatidas oblicuamente a sus espaldas. Su postura es hierática y majestuosa, “de porte esbelto, recio cuello y rostro de mancebo imberbe”. Lleva coraza, faldellín rizado, botas “adornadas por una fila vertical de diminutos casquetes esféricos dorados en la zona anterior y cuya garganta está rematada con una pieza de orfebrería que recoge en doblez la tela roja que la ribetea”. Sobre la fulminada escultura de su pequeño y delgado oponente, surge majestuoso portando en su mano derecha una espada flamígera. Acompaña cada lustro a la Virgen de Las Nieves y a la Santa Cruz en su paseo triunfal por las calles de la capital palmera en la Procesión General.

En la hornacina lateral izquierda del retablo del Rosario, en la parroquia de Ntra. Sra. de La Luz de Garafía, aparece otro San Miguel, de 1742. Una talla policromada de 110 cms de altura salida de la gubia de Nicolás de Avendaño (1699-1759). Fue encargada por Miguel de Acosta, párroco de la Villa y fundador de la fiesta del Arcángel. Se le representa vestido de soldado romano en una desequilibrada disposición. Lleva coraza,¡ faldellín y fajín… Se cree que es copia de la magnífica talla que se venera en el retablo mayor de Santo Domingo de la capital palmera. Acerca de la efigie garafiana nos dice Martín Sánchez: “sobre la originalidad de la concepción del dragón en esta imagen, nos presenta ciertas dudas, ya que si tenemos en cuenta la disposición de las piernas y el calzado del Arcángel, esto nos indica, una colocación primitiva sobre el plano de una base. Además, la figura de Miguel queda sujeta a la de su contrincante mediante una placa metálica.” Es posible que el pueblo no entendiera la ausencia de la bestia, porque se aprecia que originariamente no poseyó diablo. Por no adaptarse al gusto popular, se le hizo este nuevo “y rudo acoplamiento”. La sensación maléfica del bicho la proporciona una boca de la que sobresale una lengua bulbosa entre colmillos. Por medio de unas pinceladas se imitan las ascuas del infierno. Es preciso una restauración urgente, puesto que aparece agrietada la cabeza y una de las garras del demonio y han desaparecido las alas.

- En el pequeño museo de arte sacro de Los Llanos de Aridane, en la iglesia de Los Remedios, se ubica una escultura popular anónima de 125 cms. sobre una forma diabólica de color oscuro, entre negro y verde. Es del siglo XVIII. Lleva coraza de color azul estofado sobe plata y pedrería y dos pequeñas alas extendidas sobre sus hombros. El corto faldellín presenta un arabesco con pan de plata de fondo y tiene suaves pliegues. Es probable que su fin haya sido el de colocarle telas o capa ya que la zona posterior es plana. Es muy burdo el acabado del brazo y la imitación de la armadura. Es probable que la carnosidad que presenta en la actualidad sea resultado de una posterior intervención.

En este mismo municipio, en el Santuario de Las Angustias, su San Miguel (procedente de taller brabanzón del primer cuarto del siglo XVI) se presenta como un joven y delicado adolescente imberbe, cuya belleza se ve confrontada con una menuda figura satánica que se retuerce a sus pies y que aún conserva partes de un casco de guerrero, “aludiendo una batalla recién librada”. Las terminaciones de las extremidades del Demonio se asemejan a unas garras de animal, tal y como “si se hubiese querido plasmar un instante de la metamorfosis del ángel sublevado hacia una configuración antropomórfica o zoomórfica”. Martín Sánchez también nos indica que esta figura lleva en la zona de los genitales otra cabeza. Recordamos las palabras de Réau en su capítulo «Satán y los Demonios», cuando al hablar del paganismo en la iconografía diabólica, de aquél “es la exhibición de cabezas que hacen muecas, o que ríen burlonamente en los lugares más incongruentes y los más obscenos del cuerpo de los demonios: sobre su vientre, sus rodillas, su sexo o las nalgas”. Este autor nos recuerda que fue la mitología griega la que suministró al arte cristiano el modelo del diablo, tras haber destacado su derivación del Sátiro antiguo. También en esta ocasión, al Arcángel (talla policromada sin atribución y de 125 cms. de altura) se le representa con indumentaria militar, doble faldar metálico sobrepuesto a una túnica de cortas mangas y una coraza pegada al cuerpo. Lleva grebas con rodilleras y brazal. Lleva una capa roja y larga sujeta por delante con un joyel. El casco sencillo es adornado con tres plumas y “su rostro, levemente inclinado hacia la derecha, y de mirada lánguida, viene contenido entre una rizada cabellera que fluye bajo el casco” (Martín Sánchez). Se cree que su ubicación primitiva fue el domicilio particular de la familia Monteverde de Santa Cruz de La Palma. Actualmente se venera en la hornacina lateral izquierda del retablo mayor de Las Angustias.

La magnífica efigie conservada en la parroquia de San Juan de Puntallana, de 130 cms. (altura máxima con peana), del célebre imaginero sevillano Benito de Hita y Castillo (1712-1784), se cataloga como “San Miguel batiendo al Demonio”. Una inscripción en su base reza: “D. Benito de Hita/y Cas(t)illo me fecit,/En Sevilla/año 1773”. Esta fabulosa pieza de la escuela barroca sevillana está entronizada en el retablo mayor, hornacina del lado de la Epístola. Fue donada por el Coronel don Felipe Massieu y Vandale junto a la talla de “San Antonio de Padua” del mismo escultor. La imagen parece querer salirse del nicho, ya que existe un problema espacial de magnitudes en relación con su profundidad y anchura. La peana sobresale de la misma y las alas tocan las paredes internas. En el Archivo “Miguel Tarquis” se anota que “en 1777 se doró el altar mayor, y se colocaron las imágenes de San Miguel Arcángel y San Antonio de Padua…” Es excepcional la policromía de la imagen, “que queda patente en las primorosas carnaciones y en el virtuosismo decorativo del estofado sobre oro de la indumentaria y de los atributos personales, de indudable dominio técnico” (Martín Sánchez). Otras de sus características son: sabia disposición de volúmenes, fino rostro oval de mirada triste, magnífica imitación de tela brocada (estofado usando colores al temple de huevo sobre oro bruñido), tratamiento minucioso del plumaje de las alas, ojos de cristal… Aquí el dragón negro de cresta membranosa y de redondos ojos rojos al que el pie del santo aplasta contra el suelo, es muy pequeño y da, hasta cierto punto, algo de lástima. Aquí se trataba de ensalzar la figura del Arcángel, dejando a la diminuta bestia en un segundo plano. No existe una acción recíproca entre ambos, por lo que, más que una lucha entablada entre los dos personajes, se trata “de un Miguel, ya
triunfante sobre la sinuosa y ondulada forma dragonada”.

- Una pequeña escultura, de marcado dinamismo barroco, es la que se conserva en el despacho parroquial de San José de Breña Baja, primitivamente en la antigua casona de la familia Fierro en Las Salinas del mismo municipio. Habría llegado a aquella iglesia por haberla donado la familia de Valerio de la Concepción. Una preciosa talla policromada de Benito Hita y Castillo de 63 cms. –incluyendo peana- de análoga catalogación que la anterior. Martín Sánchez, sin embargo, informa de que es anónima. San Miguel –exultante de victoria- aparece sujetando al Maligno –doblegado a sus pies- con una cadena, mientras que con la mano derecha empuña la espada en actitud amenazante. Como características especiales, encontramos: rica policromía, forma oval del rostro, boca pequeña entreabierta, ojos de cristal ligeramente rasgados, casco empenachado sujetado a la cabeza con cinta rosa, etc. Fernández García señalaba que esta imagen tenía influencias de la obra de Francisco Salzillo (1707-1783). El Diablo tiene figura humana con algunos rasgos de animal. Por ejemplo: orejas puntiagudas, cuernos prominentes, ojos esféricos sobresalientes, boca abierta y retorcida de la que salen unos dientes afilados, “confieren a esta cabeza una fuerza brutal y expresiva”. Martín Sánchez también indicaba que “el Arcángel se torna presto a sojuzgar al Demonio que se retuerce a sus pies, en tanto que éste parece exhalar un rugido desgarrador dirigido a la figura de Miguel…”

Curiosa representación – de la segunda mitad del s. XVIII- para una escultura anónima de pequeño formato, casi 35 cms., cuya ubicación primitiva era el oratorio particular de “un catalán llamado Ferrer”, saga establecida en la capital palmera desde el siglo XVII. Es una de las imágenes más pequeñas que se conservan del Arcángel en el Archipiélago. Hoy es propiedad de una familia de la misma ciudad, la del fallecido don Argelio Pérez Algarrada. Una figura de minuciosa policromía que presenta un sabor que ya parece anunciar el Rococó. Es posible que llevara originalmente una cadena con la que ataba al Demonio –al que le falta la mano derecha-, a quien intenta agredir con la espada flamígera alzada blandida con la mano diestra. Otras características reseñables son: amplias alas desplegadas, coraza dorada pegada al pecho, faldellín rizado, capa envuelta en su brazo izquierdo… El Diablo tiene forma humana y está casi boca abajo. Miguel flexiona la pierna derecha y la apoya sobre el cuerpo negruzco de Belzebú. Martín Sánchez decía de esta escultura que, “de un modelado agradable y gracioso, posee una policromía de minucioso acabado. La parte posterior de la capa, la coraza y las cintas de las sandalias, junto con la peana, aparecen doradas. El faldellín es lacado con transparencias en azul…”

- Otro óleo sobre lienzo, éste de enormes proporciones (350 x 210 cms. aprox.), es el que podemos admirar en la nave del Evangelio de El Salvador. Fue atribuida a Ubaldo Bordanova por el historiador Fernández García, aunque no posee ni firma ni fecha. Aquí, el Diablo tiene proporciones idénticas al Arcángel. Éste parece danzar sobre el cuerpo retorcido del “Ángel Caído”. Queda plasmado aquí el instante en el que el San Miguel –de gran cabellera rubia y rizada y empuñando una gran espada flamígera en su mano derecha alzada- se está posando con el pie izquierdo sobre el cuerpo del Maligno. Éste se representa con forma humana y extremidades acabadas en forma de enormes y afiladas garras de animal. Lleva también gigantescas alas membranosas. Según se cuenta, un borracho o un deficiente mental acuchilló la tela justo en la zona donde estaba pintado Lucifer. Tras la faena, gritaba orgulloso por la calle que “¡había matado al Diablo!”. Está aún pendiente su restauración.

Existe un relieve en piedra esculpido en el siglo XX en uno de los pórticos de entrada en el actual Instituto Alonso Pérez Díaz de la Plaza de Santo Domingo, de Santa Cruz. Cerca de donde se ubicó la primera ermita de San Miguel de Las Victorias y el mural del milagroso “Cristo de La Portería”. Aquí el “Adversario de Dios” aparece aplastado bajo los pies del Santo –vestido como un centurión romano y alado-en forma de terrible dragón alargado con fauces abiertas y con largos dientes afilados. El Ángel porta una lanza en la mano derecha y en su izquierda un pequeño escudo decorado con una cruz.

- Una enorme escultura de San Miguel y el Diablo fue inaugurada el 29 de septiembre de 2007, onomástica del Patrón de La Palma. Fue colocada frente a la Plaza del Morro y del Ayuntamiento de la Villa y Puerto de Tazacorte sobre un zócalo de cerámica en medio de una bonita fuente redonda. En una ceremonia solemne, se nombró al Arcángel, Alcalde Honorario y Perpetuo de dicha localidad. El bronce del polifacético artista palmero Luis Morera y de Natan Teutsch mide en su altura total 3, 70 mts. y es representado en estilo clásico muy realista. Tanto las imágenes del Arcángel como la de Satán son de tamaño natural. El santo está vestido con el atuendo militar romano: armadura en el pecho, chitón corto, yelmo con plumero, escudo con las iniciales “Q.S.D.”, botas con perneras… El Demonio, representado con figura humana, tiene grandes cuernos de carnero que sobresalen del pelo ensortijado, grandes garras de bestia, enormes alas muy realistas (como las del Arcángel) y un largo rabo que cuelga sobre la gran nube que sirve de apoyo. Los cuerpos han sido minuciosamente esculpidos donde no se han abandonado los detalles: desde el plumaje de las cuatro alas, el dibujo de las mangas del Ángel que imitan de forma muy precisa la autenticidad del cuero, las perneras del santo militar con detalles como la hebilla y las correas…

- Afortunadamente, también el 29 de septiembre de 2007 tuvo lugar una procesión especial en la Parroquia Matriz de El Salvador. El joven y apuesto San Miguel y el feroz Diablo, de terrible aspecto, desfilaron procesionalmente después de muchos años por el centro neurálgico de Santa Cruz de La Palma. Un emotivo acto durante el cual se bendijo una figura de mármol blanco del “Arcángel luchando con Satanás” en el segundo cuerpo de la torre basáltica del templo. Con la procesión de la talla de “San Miguel del Coro” –como es conocido por haberse custodiado en él estos últimos años, ahora venerado sobre un pedestal al lado del retablo de la Milagrosa en la nave del Evangelio- se ha recuperado una bella y antigua tradición en la capital de su Isla, la Isla de San Miguel de La Palma.

“…Señor Nuestro Jesucristo, Rey de la Gloria, libra las almas de todos los fieles difuntos de las penas del infierno, líbralas de aquel lago profundo, sácalas de la boca del león, no las devore el abismo, sino que el Príncipe San Miguel las conduzca a la Luz santa…”

(Ofertorio de la Misa de Difuntos)

BIBLIOGRAFÍA

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  • FERNÁNDEZ GARCÍA, Alberto-José. «Iconografía del antiguo templo de Breña Baja», en Diario de Avisos, 1979.
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  • MARTÍN SÁNCHEZ, Miguel. Miguel, el Arcángel de Dios en Canarias. Aspectos socio- culturales y artísticos. Excmo. Cabildo Insular de Tenerife, Santa Cruz de Tenerife, 1991.
  • MESA Y GISBERT, T. Los ángeles de Calamarca, La Paz, 1983
  • PÉREZ GARCÍA, Jaime. Casas y familias de una ciudad histórica. La Calle Real de Santa Cruz de La Palma, Madrid, 1995
  • PÉREZ MORERA, Jesús. Ángeles y Arcángeles. Cinco siglos de arte en La Palma, Excmo. Cabildo Insular de La Palma, 1995
  • RÉAU, Louis. «Satan et les Demons», Iconographie de l’art chrétien, PUF, Paris, 1956
  • RODRÍGUEZ ESCUDERO, José Guillermo. «Iconografía de San Miguel en Santa Cruz de La Palma», El Día/La Prensa, (2 de octubre de 2004)
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